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morning sun rays

In English

Había un rayo de luz que penetraba a través de las cortinas de mi habitación por la mañana. Como si Dios estuviera tratando de tocarme los ojos con su brillo para despertarme. No era ningún otro día, era ESTE DÍA… el día en el que yo estaba para agarrar a mi papi y confirmarle que todo iba a estar bien. Hice una mala expresión con mi rostro, al ver que los puntos rojos todavía estaban sobre él. Pensé que alguna cobertura haría ese truco…

Al salir de la cama, me sentía fuerte. Un impulso de fuerza, se apoderó de mí; era verdaderamente sobrenatural. Yo estaba orgullosa de mí misma por no gastar la noche llorando y quejándome en tristeza, sino que sentí la paz que solo Dios es capaz de dar. Mi esposo, mi amigo, mi amor, me sostuvo toda la noche, para asegurarse que yo estaba bien… dulcemente, sus oraciones llenaron mis oídos mientras dormía. No había duda, que esa era la forma de Dios de traerme paz.

Me levanté. Me vestí y oré que los labios de Dios hablaran a través de los míos. Hoy, yo no quería ser la niña llorona, quería traer fortaleza al hombre más fuerte que conocía…

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Mi esposo me tomó de la mano y la apretó fuerte, sabiendo que esto no iba a ser fácil. En silencio, caminamos arriba y he aquí mi héroe en toda su gloria, mi papi. Dentro de mí, quería llorar y mostrarle mis temores de perderlo… el temor que sin duda, se arraiga en alguna esquina de nosotros. Con su hermosa sonrisa, sus ojos me tomaron tiernamente en sus brazos. Él ya sabía cómo me sentía, y creo fuertemente, que él sentía mi fuerza mientras nos agarraba juntos.

“Papi, te tenemos, Dios tiene tu espalda… te amo…” Le dije esto, mientras su sonrisa era feroz y fuerte.  “Yo sé mi nena”. Como si supiera que el que daba la fuerza en ese momento, era él. Mi papi, se convirtió feroz. Él era indudablemente, el hombre más fuerte que yo conocía. Nada le penetraba. Yo sabía que era duro escuchar las noticias de los doctores, pero sin embargo, creo que él se preparó para nuestro encuentro tanto como yo.

Subimos las escalas hasta su cocina y nos sentamos. Tiernamente, nos abrazábamos entre todos y escuchábamos a mi madre a través de las lágrimas que brotaban constantemente de sus ojos, el proceso y las decisiones que pronto ellos tendrían que tomar. Mi padre, asentía con la cabeza aquí y allá, pero ninguno habló. Cuando mi madre terminó, todos estábamos cogidos de las manos y la mirada de mi padre estaba sobre mí… el amor habló a través de esos ojos hermosos de ternura y esperanza.

“No hay Dios más grande que mi Dios. Dios no puso esto sobre mí, aún ha sido Él quien me ha ayudado a través de todo este proceso. No lo dudo… no quiero tener miedo”. ÉL habló conmigo y me sentí como de 10 años otra vez. Fue increíble y reconfortante, maravilloso… Yo sabía que si mi papi me iba a dejar, era porque así sería su elección. No la de nadie más ni la de NADA más. Después de todo, el me prometió cuando yo era una niña, que no lo haría.

La noche, se convirtió rápidamente en risa y amor. No más temores de “¿qué podría pasar?”, o “¿qué si…?” llenaron el aire. Mi espíritu se regocijaba mientras recordaba que “el gozo del Señor es mi fortaleza”. En este caso, era toda nuestra fortaleza… Terminando esa noche, yo estaba tranquilizada otra vez por el todopoderoso “Gran Yo Soy”. Él, no es un personaje folclórico para mantenernos asustados… Él es nuestro creador, que nos ama. Sólo por eso, me fui contenta.

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Hasta la próxima publicación en (Papi).

-Cynthia