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Lágrimas del tamaño de perlas brotaban de sus ojos. “Mami, soy invisible para ellos! Ni saben que estoy ahí.” Mientras trata de tomar más aire, suelta otra ola de llantos.. “ y entonces cuando trato de hacer CUALQUIER COSA, Nabiel me dice que me quite del camino!!!”. Su cuerpo, cayó débil en mis brazos mientras yo la agarraba.

Ésta, amigos, es mi hija mayor, de 7 años: Yadahris,…. Que acaba de ser presentada al mundo de niños y el baloncesto. Creciendo, yo era solo: “Oh, ella?.. esa es mi hermanita”. Aunque mis hermanos siempre TUVIERON que incluirme en la mayor parte de actividades extracurriculares (échenle la culpa a mi papá), no necesariamente significaba que yo era parte del equipo, sólo significaba que yo estaba ahí. La mayor parte del tiempo, yo tenía dos opciones: 1) Ser la hermanita llorona que NADIE quería pasar tiempo con ella y por consecuencia, avergonzar completamente a mis dos hermanos mayores (Créanme!!! Eso fue tentador J..estoy segura que en una o dos ocasiones hice que funcionara), ó 2) Botar todo el melodrama (al que nadie le prestaba atención…de todas formas) y ser parte de las risas y de la diversión. La mayoría de las veces, escogía la opción #2 y el gran precio, era ser libre para DIVERTIRME.

Me acuerdo de la mujer samaritana despreciada a la que Jesús, le dio de su tiempo (Juan 4:1-42). Es tan obvio que ella era invisible para la sociedad a causa de su mala toma de decisiones.. aun así, Jesús encontró la manera de hablarle a ella. Después de esta experiencia con Jesús, los ojos de la mujer samaritana, fueron abiertos. La Palabra, dice: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?. Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él” (Juan 4:29-30). Ella fue la que habían menospreciado, pero a quien ahora escuchaban. Ya no era….¿cuál es la palabra??… Oh sí, INVISIBLE! Esta mujer, lidió con su propia invisibilidad, y decidió ser visible.

Como le dije a mi niña después que se recompuso en mis brazos: “La única que te puede hacer sentir invisible, eres tú! Regresa allá y haz algunas cestas. Ellos no van a determinar cuán feliz serás… solo TÚ puedes!”

Lo que salva a un hombre, es tomar un paso. Luego, otro paso. (Fe)

C.S. Lewis

-Cynthia