Pero…

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Me gustan los “peros” grandes y no lo puedo negar… ¡Sip! A todos nos gustan. Tal vez estás leyendo esto pensando que hablo de lo que todos conocemos como “perros calientes” o un famoso “perro chicagoense”, o posiblemente, el muy amado “perro –mascota familiar”… pero no hablo de esto. No me refiero ni a la comida, ni tampoco a la mascota, sino a la palabra conjuntiva “PERO”. Normalmente, se usa en contraste a algo dicho previamente. Tenemos que dejar las excusas que le damos a Dios para explicar “por qué” tendemos a no tener nuestras vidas en orden para cumplir los sueños que Dios nos ha dado. Damas y caballeros, permítanme profundizar un poco más; nos gustan las excusas grandes y no podemos negarlo.

Algunas excusas simples, pueden darse en forma de: “voy a empezar mi dieta el lunes porque así, puedo comer de todo hoy y así estar listo para empezar”, “mi ensayo lo tengo que entregar el viernes, pero es solo miércoles; todavía tengo tiempo”, “tenía intención de arreglar mis asuntos con Dios, PERO sé que no he sido perdonado porque he hecho muchas cosas”. Como humanos, tendemos a razonar, y sicológicamente entramos en un mecanismo de defensa en donde enfrentamos pensamientos contradicientes de una manera lógica para evitar las verdades tras nuestras excusas… La teoría de los PEROS grandes. La verdad es que te asusta lo que la verdad es. Te asusta el rechazo. Te asusta lo que otros dirán. Te asusta pensar que Dios no quiere/puede perdonarte. Estás tan cansado de la situación, o como escucho a mucha gente decir: “¡YA NO MÁS!”. Muchos de ustedes, ya saben que yo soy madre de 5 hermosos bebés. Ese pensamiento, “Ya no más”, ha entrado en mi vocabulario más veces de lo que yo he deseado. Aun así, he aprendido en estos meses recientes cómo yo TENGO que soltar mi PERO sin justificación ante Dios para poder hacer lo que Él está ordenando en mi vida. Yo me reúso a rendir mi pasión por el temor a lo desconocido. ¿Has oído del propósito?, ¿Has oído de pasiones?, ¿Has oído de sueños? ¡Muy bien! Entonces para que puedan suceder, nuestras excusas de por qué tú no puedes, tienen que tirarse por la ventana.

En un evento de mujeres reciente de mi iglesia, yo les hablé de que tenemos que soltar nuestras excusas y justificaciones. En esta plática, basé esta teoría en una afirmación:

La Fe NO es genética

Para que las pasiones, sueños y deseos se lleven a cabo, uno definitivamente necesitará la fe de Dios para que esto se cumpla. Aun, tienes que saber que la fe no es heredada como tu tipo de sangre. Debe ser germinada como una semilla que crece para ser un árbol sicomoro. (Yo sé que le estoy hablando a alguien). Ves, tú soñaste estas ideas desde que eras niño. Te has visto en ese sueño como puedes ver tu propia mano delante de ti. Te sonríes solo con pensar en ello… pero tu camino para llegar allí es muy difícil. Retante. Lleno de obstáculos. Lleno de dudas. Lleno de temor. De manera que se dificulta más; tu lenguaje se convierte en un mar de “PEROS” y excusas. Algunos podrían decir, “Cynthia, tienes que ser más realista con tu vida y saber que no todo es perfecto” o “tú no sabes mi situación”. Estás en lo correcto, no todo es perfecto y no todas las situaciones son iguales. Aun así, me reúso a permitir que la manera que yo hablo mate lo que Dios ha puesto en mí para que yo lo cumpla. ¡PARA YA DE MATAR TU SUEÑO! ¡PARA YA DE MATAR TUS MOMENTOS DE FELICIDAD! Sé el Señor/Señora Positivismo con todo lo que tienes.

Aunque la fe no es genética, yo creo que los sueños y las pasiones son dados por Dios. Dios nos creó antes de la creación del mundo. Él puso la visión dentro de nosotros y ahora es nuestro tiempo para hacerla crecer. Un buen ejemplo de esto, es la historia de Josué, el segundo al mando de Moisés. Cuando Moisés murió, Dios le habló a Josué diciendo:

Sucedió después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, que el Señor habló a Josué, hijo de Nun, y ayudante de Moisés, diciendo: 2 Mi siervo Moisés ha muerto; ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. 3 Todo lugar que pise la planta de vuestro pie os he dado, tal como dije a Moisés. 4 Desde el desierto y este Líbano hasta el gran río, el río Éufrates, toda la tierra de los hititas hasta el mar Grande que está hacia la puesta del sol, será vuestro territorio. 5 Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré. 6 Sé fuerte y valiente, porque tú darás a este pueblo posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría. 7 Solamente sé fuerte y muy valiente; cuídate de cumplir toda la ley que Moisés mi siervo te mandó; no te desvíes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito dondequiera que vayas. 8 Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito. 9 ¿No te lo he ordenado yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas. (Josué 1:1-9)

Dios le habló a Josué la visión y la promesa que se encontraba en su propósito. Le instaló en su corazón y en su espíritu, la belleza de todo lo que se le prometía no solo por el bien de Josué, sino también para los moradores del desierto, los Israelitas. Aun así, Dios le recuerda a Josué diciéndole: “¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas”. ¡Wow! ¡Dios respaldó a Josué! La fe de Josué estaba siendo estirada como ese grandioso árbol sicomoro para poder conquistar la tierra ante él y así sacar al pueblo de Israel fuera del desierto. Su fe no se le otorgó, sino que tuvo que ser edificada. Una vez Josué soltó cualquier excusa que posiblemente tuvo, Dios enfatizó al recordarle, “¿No te lo he ordenado yo?” Dios se aseguró de recordarle a Josué que se mantuviera fuerte y en Él; que lo buscara a Él; que se aferrara a los mandamientos dados por Él, porque Él (Dios) fue quien lo eligió a él para hacerlo. ¡Tenemos que fortalecernos en ÉL! Tenemos que deshacernos de las excusas que en realidad, solo son una mala justificación para el temor y debemos movernos hacia las promesas que Dios tiene para nosotros.

Entonces, mientras vas terminando de leer esto, mi oración es que caves profundamente en tu espíritu. ¿Qué es lo que te ha impedido ir más adelante? Entre todas las excusas que utilizas, vas a encontrar escondido en una esquina tu oponente más grande: el temor.

El temor mata la Fe… aun cuando nos levantamos y permitimos que Dios nos inculque que seamos fuertes y valientes, nuestra Fe regresa y el temor se tiene que ir.

Si de alguna forma te identificas con lo que yo escribí, quiero que hagas esta oración conmigo:

Padre Dios,

Yo sé que no soy perfecto… estoy muy lejos de serlo. Pero ya me cansé de estar así. Ya no quiero permitir que cada excusa dirija mi vida diaria. Ya me cansé de permitir que el temor gobierne mis pensamientos y mis pasos hacia el camino correcto. Hoy, te entrego mi corazón y mi vida. Sé el rey de mi trono mientras me rindo ante ti. Perdóname todos mis errores pasados. Porque de ahora en adelante en todo lo que haga, en todo lo que sea, en todo lo que pase y en todo lo que viva… mi ayuda SIEMPRE viene del Señor, el HACEDOR del cielo y la tierra. Con el creador a mi lado, la corriente impetuosa no me derrotará. El desierto no me va a destruir y las tormentas de invierno no me van a mantener en estado de sueño. ¡Porque la fortaleza es mi ganancia y la victoria mi antorcha! ¡Yo me rindo todo a ti! En el nombre de Jesús. Amén.

Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? 2 Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. 3 No permitirá que tu pie resbale; no se adormecerá el que te guarda. 4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. 5 El Señor es tu guardador; el Señor es tu sombra a tu mano derecha. 6 El sol no te herirá de día, ni la luna de noche. 7 El Señor te protegerá de todo mal; El guardará tu alma. 8 El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre. (Salmos 121:1-8)

Hasta la próxima publicación.

-Cynthia

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